T, d, v – POEMA

 

T, d, v

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SAX – II. INCREDULIDAD – NOVELA, NUEVA ENTREGA

Sax

Javier Trejo

II. Incredulidad

Esta es la parte en la que las personas se dan cuenta poco a poco de lo que está ocurriendo a su alrededor. Pensarán que el mal siempre está ahí, y el miedo al mal los mantendrá quietos. La noche del pasado viernes un informante que prefier permanecer anónimo, administrador de una unidad habitacional, por aviso de sus inquilinos, abrió la puerta de uno de los departamentos, lo que encontró allí fue una pila de cuerpos partidos por el medio, el lugar bañado en sangre, cinco cuerpos en total, dos mujeres y tres, hombres. Los cuerpos estaban en proceso de descomposición por lo que el asesinato debió haberse cometido varios días atrás.

Esta es la parte en la que la gente corre, se asfixia, pide ayuda, y teme por la vida de su familia. Desde el exterior la violencia es sólo violencia, pero adentro guarda signos, señales para ser descifrada. Para el criminal la violencia tiene un código, significa algo. Sólo se trata de un rebaño, ovejas que cruzan calles y caminos, cualquier lobo tendría el instinto de atacar un corral y tomar lo que quisiera. Ellas mismas, su modo de vida, consta en permanecer, inconscientemente, al alcance de los lobos, en una situación en la que los pueden despedazar.

Esta es la parte en la que la policía insiste en desmentir a Sax, quien había anunciado la llegada del Escapista. Dicen que Sax miente porque en el periódico llama al Escapista “asesino en serie”, cuando en realidad, no hay ningún Escapista sino líos personales y crímenes de odio. Tratan de hacer ver a Sax como el amarillista que es. Intentan que los crímenes permanezcan desconectados y que la población civil no tenga idea de lo que está ocurriendo. No saben que el periodista evitó entregar toda la información a los periódicos y que tiene un par de pistas que podría seguir para llegar al asesino, no saben que no es cualquier asesino sino que es a la vez un homicida múltiple y un asesino en serie, lo que significa que no podrán ocultar los insidentes ni mantenerlos aislados por mucho tiempo. El número de víctimas aumenta exponencialmente y el patio trasero de la ciudad se llenará de cadáveres. Ignoran también, que Sax no pude seguir la pista sin tener acceso al banco de datos de la policía, y que por eso ha decidido mantenerse al margen, pero que una inquietud de sangre lo hace hervir cada vez que revive la escena del crimen en su mente.

Esta es la parte en la que el antiguo reportero fotógrafo de veinte años en el pasado es visitado por Sax. La casa está llena de polvo y periódicos apilados. Donde se miré parece una hemeroteca desaseada. El viejo también tiene polvo en las articulaciones, invita a Sax un café cuya marca ha sido descontinuada, las tazas parecieran del milenio pasado, y comienzan la charla. Al principio, ésta, ronda acerca de la vida de un jubilado que no ha visto nada de acción en meses, pero que está informado de cada paso que da la Secretaría de Seguridad Pública y las autopatrullas que circundan los sectores urbanos. Menciona a Sax, crímenes de hogar, violencia intrafamiliar catastrófica, asaltos a mano armada, corrupción… Es increíble la claridad con la que el viejo Martiarena sitúa geográficamente cada acontecimiento. A esto Sax agrega el hallazgo del Escapista y la ineptitud del Secretario de Seguridad al llevar el tratamiento del caso. Las autoridades se pusieron nerviosas. Un brillo surge de la mirada de Martiarena haciendo notar que ya conocía los acontecimientos. Halaga la limpieza y perfección técnica del Escapista. Por lo general los asesinos seriales cometen errores graves en sus primeros intentos. Realizar un trabajo así requiere de precisión y fuerza inhumana, una amalgama súmamente difícil de adquirir. El viejo hace brotar una hoja entre sus periódicos del año y muestra un itinerario de asesinos seriales que asolan la ciudad desde meses atrás. Tiene marcados los que han sido detenidos y los que siguen sueltos, es fácil distinguir a aquellos que no han recaído. La prontitud con la que son atrapados es proporcional a la agresividad y frecuencia con la que realizan sus ataques. Martiarena lee en los ojos de Sax inquietud por el nuevo aparecido. Le advierte que cuando se elige un camino uno debe de ser congruente con la elección. Eso suena a filosofía china barata, piensa Sax, y el viejo le confiesa que ya lo sabe y que en ocasiones las galletas de la fortuna tienen algo de sentido. Hace ver que no es coincidencia que Sax haya bautizado al Escapista, en cierto sentido sabe que lo admira. El viejo manda a Sax a casa tras darle una patada en el trasero y regalarle una vieja cámara de rollo.

Esta es la parte en la que llega un vagabundo a la historia, camina por la ciudad y comienza a anunciar la llegada de una bestia. Argumenta ser el único sobreviviente, dice que se trata de un tipo con manos enormes que usa sus uñas para abrir a las personas como si fueran pistaches, que con un chasquido les exprime la cabeza y al rascar hace que las tripas sean expelidas cual vísceras de pescado en un mercado de frutos marinos. El vagabundo tiene el cabello como si fuera heno, le cuelga un pesebre en la cabeza. Su piel es un océano repleto de archipielagos de mugre que le infestan el cuerpo. Su ropa es un insulto a la vestimenta. Nadie sabe de dónde viene este tipo, y su voz comienza a resonar en los vagones del subterráneo, en los cruces de las calles principales y en las explanadas públicas.

Esta es la parte en la que el reportero Sax, se da cuenta de la falsedad del emisario. Este anunciador de la muerte no tiene ni una lejana pista y jamás a precensiado nada. El peligro es más que evidente para cualquiera. Un tipo que pude partir limpiamente a sus víctimas con un corte horizontal no deja testigos. Resulta fácil decir que este infeliz requiere atención y algunas monedas, eso es todo, ha escuchado la noticia y la aprovecha, cinco personas muertas, apiladas en la escena del crimen inundada de sangre.

El primer acto de la obra puso en claro que había que alarmarse, Sax se encargó con lujo de detalles en el baratísimo artículo impreso en los diarios amarillistas, cada periódico, revista, noticiario, querían información al respecto. El segundo prometía pegar más duro aún.

Esta es la parte en la que las cosas se aceleran un poco y salen a la luz nuevas señales difíciles de ignorar. Los análisis del poco ADN que les quedó a las víctimas en las venas dan un resultado limpio. La policía descubre la identidad de dos de las víctimas, resultan ser, una mucama y un cadete, ambos presentes en la primera escena del crimen, si esta información se volviera de dominio público haría que la policía se volviera loca. La identidad de las primeras víctimas intenta dejarse en incógnito.

Tras conseguir esta nueva información, aquellas personas que pusieron un pie dentro de cada una de las escenas del crimen se arrepienten de no haber escuchado las premoniciones de Sax. Ellos hacen hasta lo imposible para conseguir toda la información del caso y los datos comienzan a fugarse a través de Severo, el informante, quien también cometió la torpeza de entrometerse. Si la teoría de Sax era cierta, cinco víctimas serían sólo el comienzo de una masacre. A primera vista, el reportero, había vaticinado la muerte de doce personas que analizaron la primera escena del crimen, si a estas se agregaban las que se entrometieron en la segunda escena, daba un total de diecinueve posibles víctimas. Pero, ¿por qué el Escapista había matado a los otros tres si no habían estado presentes en la primera escena? Aún quedaba mucho por investigar. Los forences y los detectives de homicidios no habían hecho otra cosa que meter la pata, exponiéndose al peligro.

Esta es la parte en la que el inspector pide la presencia de Sax en la jefatura y lo interroga acerca de su entrenamiento militar, la cantidad de misiones que reali, si fue mercenario y cosas realmente ridículas, como el número de cráneos perforados. Luego insist en que podía mover influencias para acelerar el ingreso de Sax al cuerpo de policía, agregó que, una vez que lo consiguiera sería sencillo para mí ganar autoridad sobre el caso. Le daría la oportunidad de convertirme en algo más que un reporterucho miserable que alguna vez había tenido cerrera militar. Era obvio que lo necesitaban, pero no estaban jugando bien sus cartas, Sax no aceptaría, no, al menos hasta que la desesperación de conservar sus vidas y salvarse del Escapista comenzara a comerles el sueño. En cuanto se negó, el inspector amenazó con arrestarlo si lo descubría investigando. Haría lo que estuviera en sus manos para mantener las de Sax lejos de la evidencia y sus ojos apartados del archivo. Si quería conseguir la primicia sobre esta historia en cuanto dejara de ser una amenaza para las autoridades debía jugar bajo la jurisdicción indicada. Obviamente el reportero lo tomó como un reto. Volvió a su estudio a escribir mientras bebía su infame café y fumaba un cigarrillo.

Esta es la parte en la que el oficial Severo, amigo de Sax, asustado por haber estado involucrado en la escena de la primera matanza, temiendo por su vida, se presenta en casa de Sax cargando sus objetos personales como un deshausiado. Severo piensa que Sax puede protegerlo debido a que va un paso adelante de la policía. En la mente del reportero se pueden ver los movimientos de la policía y del asesino, sólo hace falta resolver algunas preguntas, ¿cuándo? ¿dónde? ¿por qué?

El oficial Severo es una molestia pero el reportero puede sacar algo de él si lo usa adecuadamente. El caso debería comenzar a resolverse en cuanto se logre establecer una relación entre las víctimas de ambas matanzas y se descubra cómo consigue el Escapista que todas aquellas personas se reúnan al mismo tiempo en el lugar en que los va a matar. Estas pistas serían primordiales, un gran avance, aunque no pueda descubirse todavía cómo es que logra partirlos por la mitad de modo tan limpio. La parte irreal no importaba si la real podía explicarse.

La policía había dejado muchos huecos sin revisar, donde ellos había tirado la toalla era momento para intervenir: Cosas tan obvias como el rango de visión desde los otros edificios o interrogar a las personas de las inmediaciones.

Esta es la parte en que el reportero intenta resolver el caso por cuenta propia, cae en la vanidad de suponer que es mejor que los policías y aunque esto fuera cierto dicha opinión sobre sí mismo podría volverlo ciego ante algún suceso del cuál dependa su vida. O quizá, esta es la parte en la que se debe tomar una decisión fuerte. El oficial Severo ofrece una quinta parte de su sueldo a cambio de seguridad. Sax considera volverse investigador privado, qué estupidez.

Querido lector: Saludos. Aquí la segunda entrega de Sax, una novela policiaca. Recuerden que sus comentarios, sus likes y sus compartidos ayudan a construir esta historia, en esta nueva etapa de enero11. También estaré publicando poemas a finales de cada mes. Reciban un abrazo. Por cierto, ya sólo nos hacen falta 200 seguidores más para alcanzar una comunidad de 5000.

SAX – I. NOTA ROJA – NOVELA, PRIMERA ENTREGA

Sax

Javier Trejo

Nació de un saxofón que giraba

creando torbellinos

en el agua tranquila

Eduardo Langagne

I. Nota roja

Espero que llegue la hora marcada. Las volutas que escupen los hocicos de las fábricas infestan el cielo con grumos de nubes, nubes repletas de tumores, nubes cancerígenas, las fábricas y los hocicos, escupen la ciudad, cada día se extienden más y se arrastran por lo que fue llanura y que ahora es tapete, pastizal de fábricas bestiales, y hocicos y nubes. Los gordos empresarios ruedan por los hoteles cinco estrellas, recostándose entre las piernas de las putas cinco estrellas, inhalando el polvo de las drogas cinco estrellas, que les queman el tabique de la nariz, y el color de los polvos cinco estrellas me recuerda el color de las páginas de mis novelas favoritas y las nubes son las letras que invaden la páginas.

La estación de radio me recuerda el tráfico atragantado en la arteria vial, el ataque cardiaco que una o dos o tres veces al día, sufre la ciudad. El periódico, diario, tras la lectura, con todo e imágenes fotográficas de primera calidad o recreaciones que parecen más reales que la realidad, me muestran gatos atropellados, o perros o ratas desmembradas, ejecutadas por líos de pandillas, y los gatos son hombres y los hombres perros, y los perros policías y las ratas ratas.

Un cargado café sobre la mesa, un café que no refleja nada, me sirve de espejo, y me imagino que mi interior ya está teñido de café, ya tiene ese aroma, como la habitación lo tiene. Cansado de contemplar por la ventana, cómo se retuerce y avanza el día en esta ciudad de percusiones metálicas, sin campanas que anuncian la muerte, con llaves de tuercas y semáforos, con el delicado contrapunto de uno que otro golpe estrepitoso, como un bombo mal afinado, cada vez que atropellan un gato vestido de saco y corbata y lo despanzurran por el piso y los niños celebran el acontecimiento tomando fotos, disparando sus luces y los automovilistas reclaman por cualquier cosa y el tráfico se atasca por más de media hora y los hocicos vomitan humo rojo que se suma a la diarrea del humo que el cielo que viene del cielo, que cubre el cielo, que mancha el cielo, que devora el cielo, que quema el cielo de este lugar, devorando la tarde. Es por eso que no hay nada mejor que salir de este opaco cuarto y llevarme el aroma a café cuesta abajo.

De alguna manera miro el reloj y refleja mis ojos, el cielo del recuerdo de mis ojo, recuerdo que traigo puesta la gabardina, no tengo frío, no tengo frío, no tengo frío, no puedo tener frío, porque la ciudad arde, porque arde, como un motor que incinera personas, costras de ceniza y sangre, costras de sangre, sangre de cenizas, y por eso se mueve como el sol de la leyenda, sin embargo se mueve, no se mueve, no es verdad que se mueva, se mueve gracias a la sangre y sangra porque exprime los cuerpos de ratas y perros.

Tras pisos y calles y puertas en los que camino encorvado mientras cientos de personajes secundarios entran y salen de la escena y a algunos y nunca los volveré a ver, me detengo un instante para alcanzar a imaginar los rascacielos, se escuchan los ruidos y las voces de gente podrida y apresurada, por lo menos se escucha la velocidad y se puede masticar bien la llovizna de pasos, como patitas de mosca que pronto cortarán las alas. Al llegar la noche también lo aullidos llegan, aullidos fuera y dentro, aullidos chirriantes, hasta que se interrumpen.

Tenía la insoportable sensación de que el sol se había quedado impregnado en mis ropas y mientras caminaba a través de la insípida y opaca ciudad, esa comezón me acompañaba, me perturbaba, hacía que perdiera la paciencia. Mi abrigo se convertía en una cárcel. Severo me dijo que tenía un caso nuevo, por eso me citó a está hora exacta con margen de error, sucedió algo que seguro llamaría la atención de mi audiencia, y mientras más impactante y sangriento el crimen, la tajada para él era mayor. O eso fue lo que le prometí.

Cuando llegué a La Tumba el lugar era tan melancólico como de costumbre, Severo me esperaba. Supongo que el nombre de La Tumba es debido a que todos los que vienen aquí son como muertos vivos, entre desfigurados, miserables, y demás criaturas del lado oscuro de la civilización, los que trabajan tras bambalinas, tramoyistas de la política y narcotráfico. Ojos que apenas tienen luz en el interior, bocas incapaces de mostrar los dientes y manos que parecen garras, pero al mirar el rostro de estas bestias no cabe duda que aún son hombres, que aún quedan unos pocos rasgos de memoria y secretos dentro de ese amasijo de horrores. Algunos rasgos, los suficientes.

Su corpulento uniforme polvoroso, parecía emitir colores en lugar de olores y ninguno de ellos parecía sano. En un tiempo brutal aunque silencioso, saludo a conocidos y sobre todo a Severo, el tiempo concluye con dos vodkas sobre la mesa, el fondo del cristal es grueso, el vodka es transparente como el aire y tan delicioso como una profunda respiración posterior a un ahogamiento.

-No me gusta esa mierda.

-… ¿Qué es lo que tienes para mí?

-Oro puro.

-¿Un homicidio?

-Múltiple.

-¿Cuántas víctimas?

-Tres.

-Necesito saber más.

-No esperas que te cuente todo sin recibir nada a cambio.

-Yo no espero nada, y lo que recibas sólo depende de tu colaboración. Si estás tomándome el pelo, sólo recibirás una patada en el culo.

-Eres duro, Sax.

Le di el golpe al vodka y azoté el vaso.

-Por lo que veo hoy pagas tú, Severo.

-Espera, espera, tranquilo…

-Me estás quitando el tiempo, homicidios ocurren todos los días y no eres el único bocón que conozco.

-No soy el único, pero sí el mejor.

Rió de tal manera que sus incrustaciones en los dientes quedaron expuestas, asomaban restos de un desayuno nada saludable, me pareció ver una fritura.

-Te escucho.

-Diablos, esto es algo que no has visto y está ocurriendo justo ahora.

-Los forenses y los detectives de homicidios están en la escena.

-Hasta ahora no has dicho algo que de verdad me importe.

-¿Quieres saber cómo fueron asesinados?

Tendrías que verlo tú mismo. Cinco detectives de homicidios han analizado el lugar y aún no tienen una puta idea de qué es lo que ocurrió.

-¿Y la sangre?

-Está por todos lados.

-Sangre es igual a arma, cualquier perito podría hacerse una ligera idea.

-Es imposible. O mejor dicho, se sabe algo del arma pero es imposible que algo así exista o que alguien pudiera usarlo.

-¿Cómo fueron encontrados los cuerpos?

Uno sobre otro, cada uno muerto por un único corte o por un golpe en la cabeza, casi simultáneos. Se cree que podría tratarse de una especie de martillo que impactó sus cabezas.

-¿Y la identificación?

-Tomará tiempo, la sangre estaba mezclada y los rostros, ese golpe les hizo estallar la cara. ¿Ahora sí logré llamar tu atención?

-Un poco.

-Entonces puedes vender la historia.

-Puedo vender cualquier historia.

-Mierda, Sax, dame un respiro, necesito el dinero.

Cuando bajé la mirada, ahí había otro vodka, le di la bienvenida en el paladar y mientras aquella asfixia se introducía por mi garganta, consideré la posibilidad de…

-¿Puedes meterme?

-Meterme, meterme ¿puedes conseguir que me dejen ver el lugar?

Sus ojos se iluminaron.

-Entonces habrá un cargo extra.

-Digamos que sí.

-Considéralo hecho. ¡Zap, Zap, líquídanos!

Zap secó un par de tarros, nos entregó la cuenta y salimos apresurados. Subimos al auto patrulla y en un par de minutos ya nos encontrábamos en las torres.

-¿Por qué estamos subiendo las malditas escaleras?

-El elevador está descompuesto.

Buscar el ascensor y que esté averiado el armatoste, que me recuerde al tostador de mi casa de niño en otro cielo y que en los recuerdos y en las fotografías el cielo sea azul y las nubes blancas y nadie me entienda que algún día el cielo fue azul y las nubes blancas.

-Espero que esto valga la pena.

-Claro que lo vale, lo juro.

-Mierda, esto no se termina.

-Faltan siete pisos.

Malditas escaleras.

Severo decía la verdad, había valido la pena. Lo que vi aquel día era único.

Muchos detalles habían escapado al ojo de Severo, como de costumbre me ofreció informes mediocres. Era un pésimo profesional, su única virtud… tenía ese instinto, ese olfato para ganar dinero, debido a él, nunca se le escapaba una oportunidad, y por nada del mundo se le podría escapar esto. Claro, yo le pagaba una miseria puesto que yo ganaba una miseria, pero si juntas muchas miserias te vuelves menos miserable, o eso era lo que él creía.

El lugar tenía treinta o treinta y seis metros cuadrados, el piso era un lienzo rojo, de rojo sólido y espeso, toda la sangre había sido distribuida uniformemente y sin dejar un solo centímetro sin cubrir, eso inferí, puesto que, algunos idiotas de la policía habían entrado y contaminado la escena. Justo en el centro del lugar, como leños apilados para incendiar una fogata, se encontraban los tres cuerpos con un corte en canal que no había logrado seccionar en dos el cuerpo y que abarcaba desde la cabeza hasta los genitales. Y por supuesto, la cabeza, ¡mierda!, reventada como una maltita calabaza en la fiesta del día de los muertos. Las vísceras habían sido removidas de los cuerpos, y luego de hablar con algunos de los peritos me enteré que cuando la puerta fue abierta, las vísceras estorbaban, estaban apiladas, lo cual reafirmó mi idea de que la escena había sido contaminada. Este último detalle quería decir muchas cosas. Traté de observar cada detalle, que mi mirada lo recorriera todo, así podría recrear la escena, pero no para mandarla a la nota roja, siempre opero igual, las mejores conjeturas las guardo para mí, ellas me pertenecen, que la policía haga su cochino trabajo para atrapar a los malos, malditos ciegos.

-¿Qué opinas? Mejor de lo que pensabas, ¿no es cierto?

-Estos idiotas no saben lo que hacen.

-¿Tienes una idea de lo que pasó?

-Sé lo que pasó, sólo es cuestión de observar las tres cosas juntas y no dudar a la hora de relacionarlas, sé lo que pasó, lo que no sé es cómo pasó, o por qué.

-Pues qué esperas, habla.

-Sería muy tonto si le cuento un secreto a un soplón.

Uno sujeto se acercó a nosotros, era un sujeto delgado y de lentes, barbón y de expresión serena. Al instante pude percibir que era uno de esos elementos frustrados e incorruptibles, de los pocos que hay en la fuerza, son peligrosos, sobre todo para los de asuntos internos.

-Oficial, llévese a este hombre, estamos trabajando, maldita sea.

-Señor, este hombre es prensa.

-Me importa un pito si es de Reforma o del noticiario, ¡Sáquelo de aquí!

-Pero, este hombre no tiene nada qué ver con todo el desorden que hicieron.

-¿Qué está diciendo, Severo? ¿Dice que somos incompetentes?

-Sólo digo lo que usted ya sabe.

-Sálgase de aquí, chingados. Largo.

-No me toque, señor.

-Vamos, Sax, dile lo que sabes, para que nos dé acceso a la evidencia.

-Los acusaré de obstrucción.

Miré a ese trajeado sabelotodo, el sabelotodo que había llegado tarde y que por lo tanto no sabía nada. El resto de los oficiales estaban a punto de sacarnos a patadas y seguramente Severo corría riesgo de ser destituido y que le dieran un cargo todavía más inútil. Enfrenté mis ojos con los del trajeado.

-Lo que yo sé y de lo que pudo estar seguro es de que el asesino jamás puso un pie en la habitación sino que entró por la ventana. Quizá el homicidio se realizó desde allí, posteriormente encontró la manera, sin tocar el piso, para apilar los cuerpos en el centro de la habitación una vez muertos y arrojar las vísceras hacia la puerta, bloqueándola. Es una trampa que se hace con las ratas, se coloca harina en la puerta de los cuartos para que ellas dejen sus pisadas al entrar, de esta manera se muestran y sabes cómo actúan, y las puedes atrapar y cortarles la cabeza. Este sujeto dejó las vísceras obstruyendo la puerta con el afán de presumir su habilidad para ejecutar a sus víctimas sin siquiera haber entrado a la escena, además, el piso lleno de sangre le sirve como la harina con las ratas, como ya dije, para marcar a sus futuras víctimas, todos los que dieron un paso dentro de la habitación corren peligro.

¿Y cómo podría registrar quiénes han sido los que entraron en la escena?

Señalé hacia la ventana.

-Es obvio, señor. Estamos siendo observados.

Aquél idiota no volvió a dirigirme la palabra. Observe aquella obra de arte de la muerte por unos cuantos minutos más, claro, siempre desde la puerta. Salí del lugar, pero en esta ocasión nadie me estaba echando.

Ahora vienen las malditas escaleras de nuevo”, pensé.

-Bien dicho, Sax, nadie había tratado de idiota al inspector.

Una idea vino a mi mente. Me detuve.

-No habrás sido tan imbécil, Severo.

-¿Seguimos hablando del inspector?

-No. Dime, tú… ¿fuiste uno de los que entró a la habitación?

-Idiota, idiota, estás muerto.

-Sé cuidarme, Sax.

Permanecimos en silencio mientras salíamos de ahí. Yo aún debía escribir la nota para el diario amarillista que poseía mi exclusividad y Severo debía ir a gastar su anticipo en cerveza. Antes de despedirnos Severo me lanzó la pregunta habitual:

Ya quiero ver la primera plana. ¿Cómo vas a llamarle a este loco?

-El escapista.

Cuando nos despedimos, el policía sonrío toscamente, metió la velocidad al coche y derrapó por la calle.

En mi departamento, la máquina de escribir vio las últimas horas del día, su sonido de rígidas teclas era el segundero de mi reloj de diez dedos, entre golpes y fumadas la página ardió y le puse punto final al día. El estudio se inundó de un extasiante olor a café.

 

Querido lector: esta es la primera entrega de Sax, la novela por entregas. La estoy haciendo tomando en cuenta todos tus comentarios. Ojalá puedas compartirla para que esta historia siga creciendo. Últimamente los seguidores del blog han aumentado y eso me recuerda que existe un gran compromiso con el público, la comunidad es grande y estoy tremendamente agradecido. Las entregas se harán como estamos acostumbrados hasta ahora, todos los días 11 de mes. En esta ocasión me retrasé siete días, debido a compromisos personales pero noté que hubo tránsito ese día, lamento no haber entregado a tiempo. Recibe un abrazo fuerte, y gracias por leer. ATTE: Javier Trejo.

¿Una novela por entregas?

Saludos, queridos lectores de enero11. Últimamente he estado pensando cuál será el rumbo de este blog durante el 2016 y lo que se me ocurrió fue regresar al inicio. Recuerdo que cuando estudiaba en la preparatoria algunos amigos que tenían noticia de mi amor por la escritura y a quienes les gustaban mis historias, solicitaban, con intensidad, que las continuara y se las presentara, yo recibía sus comentarios y opiniones, quizá sea momento de intentar esto pero a mayor escala. Escritores memorables, como Charles Dickens, han aportado en el desarrollo del género de las novelas por entregas y quizá sea momento de experimentar en esta línea aprovechando que somos poco más de 4.700 miembros que conformamos la comunidad de enero11. También tengo la intención de que este trabajo obedezca las exigencias del público desde un inicio, es decir, que el tema y varios detalles de la novela dependerán de ustedes. Todo surgirá de las propuestas, comentarios, críticas o solicitudes que vayan surgiendo, comenzando desde ahora, lo interesante será escribir acerca de temas alejados a todo lo que he trabajado desde ahora. Así que, querido público, soy todo oídos, estoy dispuesto a escuchar ¿qué les gustaría leer?

Con interminable afecto:

Javier Trejo

RECORTES DE PERIÓDICO – CALAVERITA LITERARIA – JAVIER TREJO

Recortes de periódico:

México, el país de los muertos vivos y de los vivos muertos

 

Viene la catrina siempre,

no se espera hasta el primero;

mayo, enero, abril, septiembre,

le da igual el diez o el cero.

Viene diario, diario viene,

cada amanecer la hayamos.

Buscándonos se entretiene

hasta que toque llevarnos.

……………………………

¡Calaveras, calaveras

¡Huesos, falanges, falangetas!

Muertos, muertas de las eras,

manejando bicicletas.

Han paseado a toda marcha

en lo oscuro de la noche,

soltando una risa chancha

sin temerle a su derroche.

…………………………

Unos muertos grafiteros

practicando el arte urbano,

han escrito con esmeros

un mensaje pa fulano:

“Vive imbécil y tendrás

una muerte a tu medida,

vive triste y llevarás

la tristeza a la otra vida.”

…………………………

Saben toda la verdad,

son los muertos eruditos,

muertos de universidad,

andan por los pasillitos.

Es tan, tan poquito el tiempo

que aquí se viene a pasar,

derrochar cada momento

equivale a no pensar.

…………………………

En el hospital, los muertos

pasan a ver familiares,

son fantásticos maestros

en consolar los pesares.

Ya han vivido la muerte:

Estar tirado en la cama,

abandonado a su suerte

en el ardor de una llama.

…………………………

Se pasean por aquí,

por allá en la camarilla,

“muertitos” sobre una silla,

los gobernantes de aquí.

En la tal suprema corte

sólo se cortan las vidas,

por los que vuelven deporte

el suprimir las comidas.

…………………………

¡La extra, la extra!, y no es noticia:

los muertos saben vivir.

Mientras tanto el vivo envicia,

la vida del porvenir.

 

Javier Trejo

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