Etiqueta: Cuento

Dibujos – [Escritura Creativa]

Dibujos – [Escritura Creativa]

Ayer en la noche recibí la noticia del fallecimiento de una buena amiga. Es algo muy fuerte, porque las personas se convierten en parte de nuestra identidad, parte de un todo, y una parte de ese todo se ha ido. Hoy comparto con ustedes uno de mis cuentos, gracias por estar ahí.

La flor de Yun – Cuento Nuevo

La flor de Yun – Cuento Nuevo

En mitad del oscuro pantano, vivía una flor de Yun, que se levantaba sobre el fango, a la orilla de un río. Cada mañana, sus pétalos se bañaban con el rocío y por la noche, la flor, reflejaba los rayos de la luna. Un día, la flor de Yun, escuchó el llanto de un aldeano, que sufría por el amor de una joven hincado a orillas del río. La flor de Yun se conmovió con el sufrimiento de aquel hombre. Y, como las flores lo saben todo acerca del corazón de una mujer, ella intentó ayudar al aldeano. La flor pidió a una hormiga que la asistiera y usando sus propios pétalos como papel escribieron poemas que pudieran abrir las puertas del corazón de aquella joven. La flor dejó caer sus pétalos en el río, para que viajaran sobre el agua y el aldeano pudiera encontrarlos. El aldeano, muy contentó y sorprendido al hallar los poemas, los tomó y corrió a ofrecerlos a la joven. La joven, puso una condición a aquel hombre, para formalizar el cortejo. Debía entregarle un poema cada día, durante ochenta días. Y así, demostraría que la pasión que él sentía por ella, no era pasajera. El aldeano, sin entender qué clase de prodigio había llevado los pétalos hasta él, volvió al río a llorar. Entonces bajó un pétalo por el río y tenía escritas las palabras: “vuelve mañana”. Al día siguiente, el aldeano encontró un poema más, y al siguiente, un poema más, y así fue durante semanas y durante meses; hasta que un día, no encontró nada. Y todavía faltaba para completarlos ochenta días. Entonces, el aldeano, siguió el cause del río, buscando una respuesta a la magia que había presenciado. Al pie de las raíces de un árbol, entre el fango, encontró a la flor de Yun, ya sin pétalos. El aldeano se conmovió al comprender lo que había ocurrido. Sacó la planta de la tierra y la llevó a su casa. La hormiga viajó con ella, oculta entre las hojas. El aldeano plantó a la flor de Yun en una maceta, y la cuidó para que recuperara la vitalidad. Por las noches la colocaba junto a la ventana, para que la luz de la luna, la bañara por completo. Y la hormiga le hacía compañía y así sería siempre. El aldeano había incumplido la condición impuesta; no llevó ningún poema más, él no era un poeta. Y la joven pensó, que él no la había amado nunca. La flor de Yun recuperó la vida. Y el aldeano comprendió una cosa: en su interior, él creía ahora, que el amor se cuida y se cultiva; que el amor, no es el fuego que todos piensan, ese que lo consume todo, sino la delicadeza con que un corazón enternecido cuida a una dulce flor.

-Javier Trejo.