En la calle donde yo vivía, teníamos un vecino al que le decían “el Conde”. Era un señor de cabello blanco, que según decían era el más malo de todos los viejos. Cuando jugábamos, los niños de la calle y por accidente golpeábamos su puerta con el balón de fútbol, salía muy molesto, lo reventaba y se ponía a gritar: “niños no toquen a mi puerta”.

Se decía que era pariente de un vampiro, que era tan viejo, que vivió la conquista de América, y que por eso estaba solo, o eso creíamos porque ninguno lo había acompañado. Le decían el Conde porque era una forma distinta de llamarle “el condenado”.

A mí me molestaba que contaran cosas sobre él porque su casa quedaba junto a la mía, de noche se escuchaban ruidos fuertes en la azotea de su casa, y a través de las paredes. Un día un niño no llegó a la escuela, y todos los que sabían del Conde decían que él se lo había cenado la noche anterior, que se podían escuchar gritos y risas cuando caminabas por afuera de la casa. Yo les dije que no había escuchado nada y ellos respondieron que era porque estaba bajo su hechizo.

Estuve viendo de cerca a aquel viejo pariente de vampiros, lo seguí a todos lados, a la tienda, a rentar películas, a las tortillas, hacía cosas bastante normales para ser un vampiro. Salía durante el día pero era cuando las nubes cubrían el cielo. Y además, ¿para qué quería él tortillas? A menos que por ser un vampiro mexicano se hiciera tacos de niño con salsa roja, recién sacada del niño.

Era cierto que tenía una voz rasposa, manos grandes y arrugadas; pero no se veía nada amenazador, al menos no mientras tomaba licuados de chocolate con canela en el mercado. No caminaba como los espectros de ultratumba, así como flotando. Luego de una gran inspección en la que durante varios días revisé sus dientes postizos, su comportamiento y sus reflejos en el espejo, concluí que mis compañeros en la escuela mentían, porque no se parecía en nada a los vampiros de las películas de miedo, ni a los de los cuentos de terror.

Pero la pregunta era:. ¿dónde había quedado aquel niño que había dejado de ir a la escuela durante tantos días? Pero un día, llegando a la escuela, él estaba ahí, aquel niño había vuelto. Sólo se había enfermado, de viruela.

-Javier Trejo

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5 thoughts on “EL CONDE – CUENTO NUEVO

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