Fui a visitar a Hamlet. Él apareció con sus largas manos y su enorme barba tocando algunos acordes en la guitarra eléctrica. Fui a visitar a Hamlet y él me miró; llevaba un vestido rojo y una nariz de payaso y me invitaba a bailar. Fui a visitar a Hamlet, estaba desanimado, sostenía una botella de licor y se lamentaba por haber nacido. Fui a visitar a Hamlet y él se levantó y me dijo: “Yo, no soy Hamlet”. Y me señaló. Y fue muy duro sentir en los hombros el peso de ser Hamlet y de estar encarcelado en la tragedia. Caminé en el escenario, en él había piernas pálidas y cuellos desnudos, y pude ver decenas de personas expectantes que me culpaban. Pero… Yo nunca quise ser Hamlet.
Hace unos días asistí a la puesta en escena de La máquina de Hamlet de Heiner Muller representada por el Taller de Teatro de la FAD bajo la dirección de Esaú Corona. Tengo muchas cosas gratas que decir al respecto. Bien, bueno, la obra trata de la resignificación de Hamlet en la actualidad, en ella habitan contenidos profundos acerca de la violencia, la corrupción, la construcción y reconstrucción del yo, así como la cosificación de la mujer, entre otras. A mi manera de ver, la producción de la obra tuvo varios momentos de originalidad y optó por inclinarse a lo performativo contactando en varias ocasiones con el público. Creo que cuando la obra terminó, los escuchas ya no sabían si habían salido del teatro o seguían dentro de él, lo que me parece muy importante. Porque la violencia o el sexismo o la desigualdad y la corrupción, están también fuera del teatro, y la experiencia de la obra nos encara con esta realidad, la obra habita en nosotros y camina con nosotros a lo largo de estas calles y de esta noche. La obra provocó que el público quedara mudo. Lo cual, ni es gratuito ni es sencillo de lograr. En palabras de los actores, “nos robamos el final de la obra” para dar voz a quienes no la tienen.

Los actores supieron dar múltiples voces a Hamlet como también a Ofelia, y generar una suerte de canon musical de diálogos. En cuanto al reparto tuvimos a Maximiliano Vargas, Berenice Álvarez, Said Tapia, Ana Manzanilla, Eduardo Mendoza, Alexander de la Luz, Paola Bocardo y Valentina Mosqueda. Varios de ellos compartiendo el rol. Varias escenas dependían del trabajo en conjunto y fueron bien logradas. También hubo participaciones especiales y toda una producción en vestuario y luces. Espero tener la oportunidad de ver a esta compañía nuevamente en el futuro.
Había muchas Ofelias y muchos Hamlets, como metáfora del hombre y la mujer en crisis. En algún momento se enfrentaron a la muerte. En algún momento se enfrentaron al deseo. En algún momento se enfrentaron a la miseria. Y la suma de esos momentos no es otra cosa que la tragedia.
Impactante, versátil, ágil, perturbadora: La máquina de Hamlet. Hoy visité a Hamlet, y lo oí llorar su pena, en medio de gritos ensordecedores de soledad. Y estuvo ahí, su fiel Horacio, quien llegó tarde a la tragedia, porque una vez que la máquina de Hamlet comienza a moverse, una vez que la máquina de Hamlet comienza a funcionar, el mecanismo de autodestrucción no se puede detener.

-Javier Trejo.

 

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