IV. Tú nunca das explicaciones

Javier Trejo

Sax tenía prisa de terminar este capítulo, tuvo un muy mal día. Para empezar, el departamento estaba hecho un asco desde que el oficial Valente había decomisado el pasillo. Los olores de los pies se impregnaron en el sillón. Luego ocurrió que la amante de Sax lo botó porque algo en el sarcasmo de nuestro héroe dejó entrever que con un cuerpo así no se podía ser una dama. Lo que convierte a nuestro héroe en un perdedor y ningún niño querrá ser como él cuando crezca. Sin embargo este mismo hecho asegura su adaptación cinematográfica, donde los papeles protagónicos gozan de estupidez degenerativa. Lo que la ex amante de Sax nunca sabrá será que él sólo estaba metido en el personaje. Luego de ser bateado por las bolas, Sax prosiguió su itinerario. Entregó una pila de citatorios a su inquilino y le dio instrucciones específicas. Luego salió a entrevistar testigos, obviamente indirectos, pues nadie sobrevivió al escapista. Dato curioso: Nadie escapa al escapista. Espectáculo de muerte en el teatro de la ciudad. Sax comenzó por revisar los alrededores de la primera escena. El hotel había sido prácticamente abandonado. La noticia de lo ocurrido y la advertencia acerca de no poner un pie en la escena del crimen lo convirtió en un lugar fantasmal.

Una dulce recepcionista de ojos verdes recibió a Sax.

-Por supuesto que puedo llevarlo a dar una vuelta por el lugar. Sólo deme un momento.

Ella abrió la portezuela de la recepción y se colocó junto a él.

-No tienes por qué venir, no quiero causarte problemas.

No es ningún problema.

Sax se sintió soltero.

Caminaron por los pasillos del hotel y subieron al primer piso por las escaleras.

-¿Sospecha que aquel sujeto haya subido y bajado por aquí?

-Si mal no recuerdo el elevador estaba descompuesto cuando ocurrieron los homicidios.

-Pero no hay nada anormal en las escaleras, además, se hubiera arriesgado demasiado a ser visto si las hubiera usado.

-No sabía que eras detective.

-Leo mucho, veo tele, voy al cine, cualquiera puede ser detective.

-Ouch.

-¿Apoco tú estudiaste para detective?

-Soy periodista.

-Una de esas terribles personas que malgastan el papel.

-Soy Sax.

-¿Eres el tipo que hundió el hotel con sus notas amarillistas?

-Probablemente.

-¡Fantástico! Mucho gusto, soy Daisy. Gracias por ahuyentar a las ratas. Siempre he odiado a la gente.

Siguieron avanzando, Sax palpaba paredes y escalones aleatoriamente hasta que comprobó que estaba haciendo el ridículo porque allí no había ocurrido nada.

-¿Podemos entrar a las habitaciones?

-¿Entrarás en la habitación a la que tú mismo tiraste una maldición?

-No, quiero revisar primero las de todo el piso. Las que tienen ventana.

-Aquí tengo las llaves.

Entraron a varias habitaciones y Sax revisó las ventanas. Miró hacia los edificios vecinos.

-Pensé que esto sería más divertido pero sólo estás repitiendo todo lo que yo ya había hecho.

-¿Estás investigando el caso? ¿Dime, has tenido adelantos?

-Claro que no, estamos iguales.

Fueron a la escena del crimen. El lugar seguía tan sucio como los primeros días, pero las manchas estaban secas y parecían pintura: Piso rojo.

Sax caminó junto al muro dibujando un rectángulo, luego, en sentido contrario, trazó círculo sobre círculo mientras inspeccionaba. Comenzando en una esquina hizo triángulos e inclinaba y desinclinaba el rostro, encorvaba y desencorvaba la espalda, flexionaba y estiraba las rodillas, mientras la chica de ojos verdes esperaba cruzada de brazos.

Sax mantuvo la cabeza abajo y se acercó a un muro.

-¡Maldición!

Le dio un puño a la pared.

-¿Qué te ocurre?

-No logro ver nada.

-Es natural.

-Te pasa porque él es mejor que tú.

Sax salió de aquel lugar, no sin antes conseguir el teléfono de aquella chica e invitarla a salir. Ella aceptó y juraría que lo persiguió con la mirada antes de que desapareciera.

Sax revisó su reloj y se dirigió al siguiente escenario. Iba caminando, calculando la relación geométrica que tenían los edificios comparando los mapas de criminalidad extraídos de los archivos de las computadoras de la policía.

Entonces, recibió una llamada.

-¿Sax?

-¿Severo? ¿Qué ocurre?

-Sax, te están siguiendo. Ese cabrón puso a alguien tras de ti.

-Entiendo.

-¿Te veo en el segundo sitio?

-Sí.

Colgaron.

Divisó discretamente el auto que lo perseguía.

Sax entró en un centro comercial, lo atravesó por los lácteos y salió por una entrada posterior.

Ya sin vigilancia, se dirigió hacia una torre de departamentos. Entró y entrevistó al portero. Aquel sujeto se parecía a Quentin Tarantino.

-Estoy realizando una investigación y necesito inspeccionar las habitaciones cuyas ventanas dan hacia la avenida.

Quentin mostró los dientes.

-Señor, tenemos altas normas de seguridad en este lugar.

-Entonces, sólo permítame hacerle algunas preguntas.

-Señor, le repito, aquí tenemos “altas” normas de seguridad.

Extendió la palma abierta hacia mí.

Le dí doscientos.

-Señor, insisto, la seguridad es un poco más “alta”.

Le di cien más.

-Comencemos por las preguntas. ¿Quiénes viven en aquellos departamentos?

-Dos están vacíos, amueblados pero vacíos, una inmobiliaria gestiona la venta o la renta. Tenemos dos familias, ambas con niños, y mascotas. En el último piso el inquilino es soltero. Se mudó antes de que se terminara de acondicionar el departamento, lleva dos meses en él y el administrador aún no ha contratado las reparaciones.

-¿Hay alguien? Quisiera hacer una visita.

-El del último piso trabaja en casa. Todos los departamentos son iguales, sólo que ese necesita acabados en el baño.

Quentin balanceó sus huesudas manos.

Subimos en el elevador al último piso. Al llegar, me guió por el pasillo hasta la puerta del depto.

Tocó a la puerta.

Se dirigió hacia mí.

Recargó el codo en la pared.

-¿Qué es lo que busca?

La puerta se abrió interrumpiendo el cuestionamiento y haciendo tambalear a Tarantino.

Era un sujeto raquítico que usaba anteojos.

-¿Qué los trae por aquí?

-Este hombre es un reportero y quiere hacerle unas preguntas.

-Estoy a sus órdenes.

-¿Podemos pasar?

-Claro.

El hombre les cedió la puerta y se sentó en el sillón. Sax rondaba por la sala minimalista. Cajas de mudanza y nada. Chocó con alguna que se sacudió violentamente. Vio de reojo que la cocina también tenía cajas y la estufa estaba protegida por un cubrepolvo, parecía que recientemente se hubieran hecho obras allí. Me asomé al baño y efectivamente no estaba terminado.

-¿Esto no le molesta?

-No, en absoluto.

Volteé a mirar a aquel sujeto y se veía normal.

-Le ofrecimos usar el baño de servicio del último piso, tiene su propia llave.

-¿A qué se dedica, señor?

Marketing. Ventas por teléfono.

-Debe ser muy bueno.

El tipo estaba inmóvil en el centro del sillón.

-Soy cerrador.

Sax se dirigió a la ventana, ese era su objetivo real. La abrió. Asomó. Inspeccionó. Palpó el marco y el cristal. Contempló la ciudad levantando el rostro. Frente a él, a una distancia considerable, se encontraba la primera escena del crimen. Dio media vuelta y se despidió del cerrador.

Tarantino lo acompañó hasta la planta baja con gentil celeridad y el mentón por delante.

-¿Qué fue lo que descubrió? ¿Dará referencias buenas de nosotros?

-Excelentes.

Al salir, Sax se encontró con el auto del oficial Valente. Subió al coche.

-¿Por qué estás interesado en este lugar, Sax?

El reportero miró hacia el edificio.

-Podría ser el escenario del próximo homicidio múltiple.

-¿Por qué piensas eso?

-Uno de los inquilinos de aquí estuvo en la primera escena. Trabajaba en ese Hotel.

-Así que…

-Así que nada…

-¿Qué piensas hacer? ¿Lo evitarás?

-¿Yo? Tú ya lo hiciste: Entregaste lo que te pedí, ¿no?

-Por supuesto.

-Llevaremos el juego a nuestro terreno y cuando el escapista aparezca lo vamos a acribillar.

Valente encendió el coche.

-¿Y ahora a dónde vamos?

-Por los tipos que me estaban siguiendo.

-Tú nunca das explicaciones.

-Cállate y larguémonos. Esto ya duró mucho.

El coche arranca. Derrapa.

Corte.

 

Saludos, celebramos los 3 años, con el capítulo 4 de Sax. Nos faltan 150 para ser 5.000. Estoy pensando en agregar una sección de recomendaciones de libros. Sólo es una idea. Abrazo. Gracias por compartir y comentar. Gracias por todo. Atte: Javier.

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