Sax

Javier Trejo

Nació de un saxofón que giraba

creando torbellinos

en el agua tranquila

Eduardo Langagne

I. Nota roja

Espero que llegue la hora marcada. Las volutas que escupen los hocicos de las fábricas infestan el cielo con grumos de nubes, nubes repletas de tumores, nubes cancerígenas, las fábricas y los hocicos, escupen la ciudad, cada día se extienden más y se arrastran por lo que fue llanura y que ahora es tapete, pastizal de fábricas bestiales, y hocicos y nubes. Los gordos empresarios ruedan por los hoteles cinco estrellas, recostándose entre las piernas de las putas cinco estrellas, inhalando el polvo de las drogas cinco estrellas, que les queman el tabique de la nariz, y el color de los polvos cinco estrellas me recuerda el color de las páginas de mis novelas favoritas y las nubes son las letras que invaden la páginas.

La estación de radio me recuerda el tráfico atragantado en la arteria vial, el ataque cardiaco que una o dos o tres veces al día, sufre la ciudad. El periódico, diario, tras la lectura, con todo e imágenes fotográficas de primera calidad o recreaciones que parecen más reales que la realidad, me muestran gatos atropellados, o perros o ratas desmembradas, ejecutadas por líos de pandillas, y los gatos son hombres y los hombres perros, y los perros policías y las ratas ratas.

Un cargado café sobre la mesa, un café que no refleja nada, me sirve de espejo, y me imagino que mi interior ya está teñido de café, ya tiene ese aroma, como la habitación lo tiene. Cansado de contemplar por la ventana, cómo se retuerce y avanza el día en esta ciudad de percusiones metálicas, sin campanas que anuncian la muerte, con llaves de tuercas y semáforos, con el delicado contrapunto de uno que otro golpe estrepitoso, como un bombo mal afinado, cada vez que atropellan un gato vestido de saco y corbata y lo despanzurran por el piso y los niños celebran el acontecimiento tomando fotos, disparando sus luces y los automovilistas reclaman por cualquier cosa y el tráfico se atasca por más de media hora y los hocicos vomitan humo rojo que se suma a la diarrea del humo que el cielo que viene del cielo, que cubre el cielo, que mancha el cielo, que devora el cielo, que quema el cielo de este lugar, devorando la tarde. Es por eso que no hay nada mejor que salir de este opaco cuarto y llevarme el aroma a café cuesta abajo.

De alguna manera miro el reloj y refleja mis ojos, el cielo del recuerdo de mis ojo, recuerdo que traigo puesta la gabardina, no tengo frío, no tengo frío, no tengo frío, no puedo tener frío, porque la ciudad arde, porque arde, como un motor que incinera personas, costras de ceniza y sangre, costras de sangre, sangre de cenizas, y por eso se mueve como el sol de la leyenda, sin embargo se mueve, no se mueve, no es verdad que se mueva, se mueve gracias a la sangre y sangra porque exprime los cuerpos de ratas y perros.

Tras pisos y calles y puertas en los que camino encorvado mientras cientos de personajes secundarios entran y salen de la escena y a algunos y nunca los volveré a ver, me detengo un instante para alcanzar a imaginar los rascacielos, se escuchan los ruidos y las voces de gente podrida y apresurada, por lo menos se escucha la velocidad y se puede masticar bien la llovizna de pasos, como patitas de mosca que pronto cortarán las alas. Al llegar la noche también lo aullidos llegan, aullidos fuera y dentro, aullidos chirriantes, hasta que se interrumpen.

Tenía la insoportable sensación de que el sol se había quedado impregnado en mis ropas y mientras caminaba a través de la insípida y opaca ciudad, esa comezón me acompañaba, me perturbaba, hacía que perdiera la paciencia. Mi abrigo se convertía en una cárcel. Severo me dijo que tenía un caso nuevo, por eso me citó a está hora exacta con margen de error, sucedió algo que seguro llamaría la atención de mi audiencia, y mientras más impactante y sangriento el crimen, la tajada para él era mayor. O eso fue lo que le prometí.

Cuando llegué a La Tumba el lugar era tan melancólico como de costumbre, Severo me esperaba. Supongo que el nombre de La Tumba es debido a que todos los que vienen aquí son como muertos vivos, entre desfigurados, miserables, y demás criaturas del lado oscuro de la civilización, los que trabajan tras bambalinas, tramoyistas de la política y narcotráfico. Ojos que apenas tienen luz en el interior, bocas incapaces de mostrar los dientes y manos que parecen garras, pero al mirar el rostro de estas bestias no cabe duda que aún son hombres, que aún quedan unos pocos rasgos de memoria y secretos dentro de ese amasijo de horrores. Algunos rasgos, los suficientes.

Su corpulento uniforme polvoroso, parecía emitir colores en lugar de olores y ninguno de ellos parecía sano. En un tiempo brutal aunque silencioso, saludo a conocidos y sobre todo a Severo, el tiempo concluye con dos vodkas sobre la mesa, el fondo del cristal es grueso, el vodka es transparente como el aire y tan delicioso como una profunda respiración posterior a un ahogamiento.

-No me gusta esa mierda.

-… ¿Qué es lo que tienes para mí?

-Oro puro.

-¿Un homicidio?

-Múltiple.

-¿Cuántas víctimas?

-Tres.

-Necesito saber más.

-No esperas que te cuente todo sin recibir nada a cambio.

-Yo no espero nada, y lo que recibas sólo depende de tu colaboración. Si estás tomándome el pelo, sólo recibirás una patada en el culo.

-Eres duro, Sax.

Le di el golpe al vodka y azoté el vaso.

-Por lo que veo hoy pagas tú, Severo.

-Espera, espera, tranquilo…

-Me estás quitando el tiempo, homicidios ocurren todos los días y no eres el único bocón que conozco.

-No soy el único, pero sí el mejor.

Rió de tal manera que sus incrustaciones en los dientes quedaron expuestas, asomaban restos de un desayuno nada saludable, me pareció ver una fritura.

-Te escucho.

-Diablos, esto es algo que no has visto y está ocurriendo justo ahora.

-Los forenses y los detectives de homicidios están en la escena.

-Hasta ahora no has dicho algo que de verdad me importe.

-¿Quieres saber cómo fueron asesinados?

Tendrías que verlo tú mismo. Cinco detectives de homicidios han analizado el lugar y aún no tienen una puta idea de qué es lo que ocurrió.

-¿Y la sangre?

-Está por todos lados.

-Sangre es igual a arma, cualquier perito podría hacerse una ligera idea.

-Es imposible. O mejor dicho, se sabe algo del arma pero es imposible que algo así exista o que alguien pudiera usarlo.

-¿Cómo fueron encontrados los cuerpos?

Uno sobre otro, cada uno muerto por un único corte o por un golpe en la cabeza, casi simultáneos. Se cree que podría tratarse de una especie de martillo que impactó sus cabezas.

-¿Y la identificación?

-Tomará tiempo, la sangre estaba mezclada y los rostros, ese golpe les hizo estallar la cara. ¿Ahora sí logré llamar tu atención?

-Un poco.

-Entonces puedes vender la historia.

-Puedo vender cualquier historia.

-Mierda, Sax, dame un respiro, necesito el dinero.

Cuando bajé la mirada, ahí había otro vodka, le di la bienvenida en el paladar y mientras aquella asfixia se introducía por mi garganta, consideré la posibilidad de…

-¿Puedes meterme?

-Meterme, meterme ¿puedes conseguir que me dejen ver el lugar?

Sus ojos se iluminaron.

-Entonces habrá un cargo extra.

-Digamos que sí.

-Considéralo hecho. ¡Zap, Zap, líquídanos!

Zap secó un par de tarros, nos entregó la cuenta y salimos apresurados. Subimos al auto patrulla y en un par de minutos ya nos encontrábamos en las torres.

-¿Por qué estamos subiendo las malditas escaleras?

-El elevador está descompuesto.

Buscar el ascensor y que esté averiado el armatoste, que me recuerde al tostador de mi casa de niño en otro cielo y que en los recuerdos y en las fotografías el cielo sea azul y las nubes blancas y nadie me entienda que algún día el cielo fue azul y las nubes blancas.

-Espero que esto valga la pena.

-Claro que lo vale, lo juro.

-Mierda, esto no se termina.

-Faltan siete pisos.

Malditas escaleras.

Severo decía la verdad, había valido la pena. Lo que vi aquel día era único.

Muchos detalles habían escapado al ojo de Severo, como de costumbre me ofreció informes mediocres. Era un pésimo profesional, su única virtud… tenía ese instinto, ese olfato para ganar dinero, debido a él, nunca se le escapaba una oportunidad, y por nada del mundo se le podría escapar esto. Claro, yo le pagaba una miseria puesto que yo ganaba una miseria, pero si juntas muchas miserias te vuelves menos miserable, o eso era lo que él creía.

El lugar tenía treinta o treinta y seis metros cuadrados, el piso era un lienzo rojo, de rojo sólido y espeso, toda la sangre había sido distribuida uniformemente y sin dejar un solo centímetro sin cubrir, eso inferí, puesto que, algunos idiotas de la policía habían entrado y contaminado la escena. Justo en el centro del lugar, como leños apilados para incendiar una fogata, se encontraban los tres cuerpos con un corte en canal que no había logrado seccionar en dos el cuerpo y que abarcaba desde la cabeza hasta los genitales. Y por supuesto, la cabeza, ¡mierda!, reventada como una maltita calabaza en la fiesta del día de los muertos. Las vísceras habían sido removidas de los cuerpos, y luego de hablar con algunos de los peritos me enteré que cuando la puerta fue abierta, las vísceras estorbaban, estaban apiladas, lo cual reafirmó mi idea de que la escena había sido contaminada. Este último detalle quería decir muchas cosas. Traté de observar cada detalle, que mi mirada lo recorriera todo, así podría recrear la escena, pero no para mandarla a la nota roja, siempre opero igual, las mejores conjeturas las guardo para mí, ellas me pertenecen, que la policía haga su cochino trabajo para atrapar a los malos, malditos ciegos.

-¿Qué opinas? Mejor de lo que pensabas, ¿no es cierto?

-Estos idiotas no saben lo que hacen.

-¿Tienes una idea de lo que pasó?

-Sé lo que pasó, sólo es cuestión de observar las tres cosas juntas y no dudar a la hora de relacionarlas, sé lo que pasó, lo que no sé es cómo pasó, o por qué.

-Pues qué esperas, habla.

-Sería muy tonto si le cuento un secreto a un soplón.

Uno sujeto se acercó a nosotros, era un sujeto delgado y de lentes, barbón y de expresión serena. Al instante pude percibir que era uno de esos elementos frustrados e incorruptibles, de los pocos que hay en la fuerza, son peligrosos, sobre todo para los de asuntos internos.

-Oficial, llévese a este hombre, estamos trabajando, maldita sea.

-Señor, este hombre es prensa.

-Me importa un pito si es de Reforma o del noticiario, ¡Sáquelo de aquí!

-Pero, este hombre no tiene nada qué ver con todo el desorden que hicieron.

-¿Qué está diciendo, Severo? ¿Dice que somos incompetentes?

-Sólo digo lo que usted ya sabe.

-Sálgase de aquí, chingados. Largo.

-No me toque, señor.

-Vamos, Sax, dile lo que sabes, para que nos dé acceso a la evidencia.

-Los acusaré de obstrucción.

Miré a ese trajeado sabelotodo, el sabelotodo que había llegado tarde y que por lo tanto no sabía nada. El resto de los oficiales estaban a punto de sacarnos a patadas y seguramente Severo corría riesgo de ser destituido y que le dieran un cargo todavía más inútil. Enfrenté mis ojos con los del trajeado.

-Lo que yo sé y de lo que pudo estar seguro es de que el asesino jamás puso un pie en la habitación sino que entró por la ventana. Quizá el homicidio se realizó desde allí, posteriormente encontró la manera, sin tocar el piso, para apilar los cuerpos en el centro de la habitación una vez muertos y arrojar las vísceras hacia la puerta, bloqueándola. Es una trampa que se hace con las ratas, se coloca harina en la puerta de los cuartos para que ellas dejen sus pisadas al entrar, de esta manera se muestran y sabes cómo actúan, y las puedes atrapar y cortarles la cabeza. Este sujeto dejó las vísceras obstruyendo la puerta con el afán de presumir su habilidad para ejecutar a sus víctimas sin siquiera haber entrado a la escena, además, el piso lleno de sangre le sirve como la harina con las ratas, como ya dije, para marcar a sus futuras víctimas, todos los que dieron un paso dentro de la habitación corren peligro.

¿Y cómo podría registrar quiénes han sido los que entraron en la escena?

Señalé hacia la ventana.

-Es obvio, señor. Estamos siendo observados.

Aquél idiota no volvió a dirigirme la palabra. Observe aquella obra de arte de la muerte por unos cuantos minutos más, claro, siempre desde la puerta. Salí del lugar, pero en esta ocasión nadie me estaba echando.

Ahora vienen las malditas escaleras de nuevo”, pensé.

-Bien dicho, Sax, nadie había tratado de idiota al inspector.

Una idea vino a mi mente. Me detuve.

-No habrás sido tan imbécil, Severo.

-¿Seguimos hablando del inspector?

-No. Dime, tú… ¿fuiste uno de los que entró a la habitación?

-Idiota, idiota, estás muerto.

-Sé cuidarme, Sax.

Permanecimos en silencio mientras salíamos de ahí. Yo aún debía escribir la nota para el diario amarillista que poseía mi exclusividad y Severo debía ir a gastar su anticipo en cerveza. Antes de despedirnos Severo me lanzó la pregunta habitual:

Ya quiero ver la primera plana. ¿Cómo vas a llamarle a este loco?

-El escapista.

Cuando nos despedimos, el policía sonrío toscamente, metió la velocidad al coche y derrapó por la calle.

En mi departamento, la máquina de escribir vio las últimas horas del día, su sonido de rígidas teclas era el segundero de mi reloj de diez dedos, entre golpes y fumadas la página ardió y le puse punto final al día. El estudio se inundó de un extasiante olor a café.

 

Querido lector: esta es la primera entrega de Sax, la novela por entregas. La estoy haciendo tomando en cuenta todos tus comentarios. Ojalá puedas compartirla para que esta historia siga creciendo. Últimamente los seguidores del blog han aumentado y eso me recuerda que existe un gran compromiso con el público, la comunidad es grande y estoy tremendamente agradecido. Las entregas se harán como estamos acostumbrados hasta ahora, todos los días 11 de mes. En esta ocasión me retrasé siete días, debido a compromisos personales pero noté que hubo tránsito ese día, lamento no haber entregado a tiempo. Recibe un abrazo fuerte, y gracias por leer. ATTE: Javier Trejo.
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2 thoughts on “SAX – I. NOTA ROJA – NOVELA, PRIMERA ENTREGA

  1. Hola, Javier
    Después de que me lo concediesen a mí, te he concedido a ti, entre otros bloggers, el premio The Versatile Blogger Award.
    Pásate por mi blog para que veas como va el tema.
    Enhorabuena por tus relatos.
    Un saludo,
    KDLevin

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