Era primavera, el sol iluminaba los vastos sembradíos y el color verde se extendía por la planicie. El viento soplaba y los capullos de las mariposas se abrieron liberando a sus huéspedes. La multitud de insectos atacaron la vida revoloteando y esparciéndose hacia todas direcciones, manchando el paisaje con sus colores claros.

El rocío de la mañana había empapado las gradas del rodeo. La gente llegó temprano, subían y bajaban por las escaleras buscando el sitio predilecto para mirar el espectáculo. En cuestión de unos instantes el lugar estaba lleno a reventar. El vocerío de la muchedumbre estremecía el ambiente. Jacinto, el toro, esperaba su turno para entrar al ruedo: ese espacio misterioso de donde nadie regresa.

La puerta se abrió y el toro se vio rodeado de rostros. Con la aparición de Jacinto, la gresca creció. Conmocionada por el temor a las miradas y las burlas, la bestia corneó al aire violentamente. Las mariposas entraron volando y fueron descendiendo cada uno de los círculos plagados de espectadores. Pero ninguna se acercaba al ruedo, presintiendo quizá, el terror del toro en espera del torero.

Una despistada mariposa blanca se aventuró al redondel en que reinaba la furia de Jacinto. El toro atravesó con su poderosa cornamenta el diminuto cuerpecillo de la mariposa. Al ver esto, el pueblo lloró la muerte del insecto como nunca hubiese llorado al toro o al torero.

-Javier Trejo

Anuncios

6 thoughts on “MARIPOSAS EN EL RODEO – CUENTO

Deja un comentario.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s